MORELIA 28/08/23
Una reforma judicial que escuche a las víctimas
La opinión por Lorena Cortés
Morelia, Mich.- 28 de agosto de 2023.-
En este país el acceso a la justicia es prácticamente nulo, de cara al bien
jurídico más preciado que es el de la vida, el nivel de impunidad en México es
de 93% (Impunidad Cero, 2022).
En una reforma judicial de fondo, uno de los muchos
retos del sistema de justicia es revisar el amparo, si bien es un recurso legal de protección de
los derechos humanos ante cualquier afectación derivada de la actuación de la
autoridad, sin embargo, es muy común que se abuse de este recurso jurídico y
que aprovechándose de la normatividad prevalecen prácticas cuya finalidad
es alargar los procesos, o buscar algún
beneficio para los imputados como el reducirles la sentencia condenatoria etc.
según sea el caso en un entramado jurídico donde la corrupción se impone.
Recordemos el caso de Ana Luz una pequeña niña de
apenas 11 años de edad, quien vivía en la comunidad de las Trojes en Pátzcuaro,
sus padres salían a trabajar y la menor se quedaba regularmente en su casa. En
el 2019 fue encontrada debajo de su cama brutalmente golpeada y con una herida
punzo cortante en el cuello que le provocó la muerte. Su feminicida Isidro N;
(su propio medio hermano) quien después de los hechos fue ubicado gracias a los
familiares de la víctima y privado de la libertad por la fiscalía a través de
la prisión preventiva justificada.
Pasaron 4 largos años para que un juez en marzo de
esté año (2023) dictara sentencia condenatoria de 50 años, gracias a un amparo
(después de una sentencia debidamente ejecutoriada - cosa juzgada) para mayo,
aunque usted no lo crea, un magistrado le redujo la sentencia a la mitad, 25
años.
Ponderando la carga de la prueba fue tan clara en este
caso como afirmar que “la tierra es un planeta”, pero para la conciencia del
magistrado (a) que resolvió el amparo no fue suficiente, pues el feminicida
logró la reducción de la pena, y probablemente salga antes de los 25 años
gracias a algún beneficio.
Todo imputado tiene derecho a un debido proceso, sin
embargo, de cara a la realidad las víctimas enfrentan un doloroso y largo
camino entre la verdad histórica y la verdad procesal para obtener sólo un poco
de justicia. Hay que resaltar que en la mayoría de los casos son los propios
familiares de las víctimas las que recaban las pruebas y en el proceso pueden
ser simplemente insuficientes para el juzgador.
De igual forma y pese a que el feminicida Diego Urik
Manon Melgoza fue sentenciado tres años después de haber asesinado con inhumana
saña a la joven Mtra. Yesica Villaseñor, a 50 años de prisión; después de
decenas de audiencias donde el imputado tuvo acceso a un debido proceso y
la oportunidad presentar sus pruebas,
después de ser cosa juzgada se le otorgó al feminicida el pasado 16 de agosto,
45 días para que justifique el amparo que interpuso, a todas luces en una
estrategia de su defensa para buscar que el magistrado le reduzca la sentencia.
En un país feminicida donde diariamente asesinan a
once mujeres, urge una reforma judicial en México que vaya más allá de un
populismo, la Ley de Amparo ocupa ser reformada para que los jueces puedan
juzgar en que casos los amparos se tratan de estrategias legales que sólo
pretenden entorpecer o demorar la impartición de justicia y que no exista un
uso discrecional de ese recurso, sin vulnerar todos los tratados en materia de
derechos humanos.
Toda vez que el Estado mexicano no les garantizó la
vida y la seguridad a las víctimas, no les garantizó el acceso a la justicia
pronta y expedita a través de un sistema de seguridad y justicia que las
revictimiza, las víctimas son utilizadas con fines de lucro político y son las menos
escuchadas e invisibilizadas.

