Trabajo infantil: cifras inquietantes y la urgencia de una acción global concreta
Por Alejandro Martínez Castañeda
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) confirmó que la 6ª Conferencia Mundial sobre la Eliminación del Trabajo Infantil se llevará a cabo del 11 al 13 de febrero de 2026 en Marruecos, con la intención de consolidar esfuerzos internacionales para hacer frente a uno de los desafíos más persistentes en materia de derechos humanos y desarrollo social. El evento reunirá a gobiernos, agencias internacionales, interlocutores sociales, sociedad civil y el sector privado para debatir estrategias concretas que aceleren la eliminación del trabajo infantil y fortalezcan compromisos en educación, protección social, desarrollo rural y trabajo decente.
Los datos más recientes presentados por la OIT y UNICEF revelan una realidad doble: por un lado, se han logrado avances; por otro, la magnitud del problema sigue siendo alarmante. En 2024, casi 138 millones de niñas, niños y adolescentes entre 5 y 17 años estaban en situación de trabajo infantil en todo el mundo —lo que equivale aproximadamente al 8 % de la población infantil global— e incluye a cerca de 54 millones que realizaban trabajos peligrosos que ponen en riesgo su salud y desarrollo.
Estas cifras muestran una reducción importante desde los niveles de principios de siglo —cuando se estimaba que más de 246 millones de menores trabajaban—, y también una disminución de más de 20 millones desde 2020. Sin embargo, el mundo no alcanzó la meta de eliminar el trabajo infantil para 2025, como lo planteaban los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para lograr su erradicación en los próximos cinco años, el ritmo actual de reducción debería acelerarse once veces.
Los sectores donde más abunda el trabajo infantil son la agricultura (alrededor del 61 % del total), seguida de los servicios y la industria, y la distribución geográfica es desigual: África subsahariana concentra cerca de dos tercios de todos los casos, con escaso avance en términos de prevalencia, mientras que Asia y el Pacífico han logrado reducciones más significativas en los últimos años.
La conferencia en Marruecos representa una plataforma clave para repensar enfoques y comprometer recursos, pero también para reconocer que la lucha contra el trabajo infantil exige políticas nacionales consistentes y sostenidas. En México, por ejemplo, estadísticas recientes de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022 del INEGI indican que más de 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años realizan alguna actividad laboral, y al menos 1.4 millones están involucrados en trabajos peligrosos o prohibidos por la ley.
Esta situación no solo refleja la falta de oportunidades educativas, sino también la persistencia de pobreza, desigualdad y ausencia de redes de protección social robustas que permitan a las familias acceder a ingresos dignos sin depender del aporte económico de sus hijos. Un análisis académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) subraya que esos factores estructurales —pobreza extrema, informalidad laboral y barreras de acceso educativo— están en el núcleo del fenómeno, y que su abordaje debe formar parte central de cualquier política pública eficaz. (https://unamglobal.unam.mx/global_revista/trabajo-infantil-mexico-causas-soluciones/)
El desafío es colosal: garantizar que la infancia sea una etapa de aprendizaje, juego y desarrollo saludable, y no de explotación. La conferencia internacional debe servir para algo más que intercambiar experiencias; tiene que traducirse en compromisos medibles, presupuestos asignados y mecanismos de rendición de cuentas que transformen las cifras preocupantes de hoy en historias de progreso real para millones de menores.

