El trabajo no remunerado de las mujeres: una deuda estructural del Estado mexicano
Alejandro Martínez Castañeda
Morelia, Michoacán, 04 de marzo de 2026.-En México, la economía descansa sobre una base que no aparece en presupuestos ni contratos laborales: el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que realizan mayoritariamente mujeres. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), esta labor representa 26.3 % del Producto Interno Bruto (PIB), con un valor aproximado de 8.4 billones de pesos.
La cifra no solo revela una contribución económica de gran magnitud; evidencia también una deuda estructural del Estado y del mercado con las mujeres. Más de 31 millones de personas realizan labores de cuidado en el país, y tres de cada cuatro son mujeres. Esta distribución desigual limita su acceso al empleo formal, reduce ingresos, restringe oportunidades educativas y profundiza brechas salariales y de pensiones.
El trabajo de cuidados sostiene la reproducción social: garantiza que niñas y niños estudien, que personas enfermas reciban atención, que adultos mayores tengan acompañamiento y que millones de trabajadores puedan salir cada día a desempeñar labores remuneradas. Sin embargo, esta base económica continúa siendo tratada como un asunto privado y no como una responsabilidad colectiva, sostienen especialistas de la UNAM.
Expertos han subrayado que reconocer el valor económico del trabajo de cuidados obliga a replantear el diseño de las políticas públicas. La discusión no debe limitarse a la medición estadística, sino traducirse en acciones concretas: fortalecimiento de sistemas públicos de cuidados, ampliación de servicios de guardería y atención a personas mayores, esquemas de corresponsabilidad entre hombres y mujeres, y reformas laborales que permitan conciliar vida productiva y vida familiar.
“El debate sobre el trabajo no remunerado es, en el fondo, un debate sobre el modelo de desarrollo. ¿Puede hablarse de crecimiento económico cuando una parte sustancial del mismo se sostiene sobre jornadas invisibles y no pagadas? ¿Es sostenible un sistema que descansa en la sobrecarga femenina?”, añaden.
Visibilizar estas cifras coloca el tema en el centro de la agenda política. No se trata únicamente de reconocer el esfuerzo de millones de mujeres, sino de redistribuir el cuidado como una responsabilidad social compartida y avanzar hacia una economía que incorpore la justicia de género como principio estructural.
El desafío está planteado: transformar el reconocimiento estadístico en transformación institucional, puntualizan.

