¿Quién te cuidaría si te enfermas? México frente a la urgencia de cuidar a quienes cuidan
Alejandro Martínez Castañeda
Morelia, Michoacán, 06 de abril de 2026.-En México, enfermar no solo implica enfrentar un diagnóstico: también revela una de las desigualdades más silenciosas del país. Hoy, alrededor de 58.3 millones de personas requieren algún tipo de cuidado, ya sea por edad, discapacidad o enfermedad. Sin embargo, detrás de cada cifra hay una historia que suele repetirse: una sola persona —casi siempre una mujer— asume, sin descanso ni remuneración, la responsabilidad de sostener la vida de alguien más. La pregunta es tan simple como contundente: ¿quién te cuidaría si te enfermas?
De acuerdo con especialistas y académicos de la UNAM, el modelo actual de cuidados en el país descansa en la “buena voluntad” de las familias. Esto ha generado una carga desproporcionada que impacta no solo en la salud física y emocional de quienes cuidan, sino también en sus oportunidades laborales, educativas y de desarrollo personal.
Cuidar implica mucho más que acompañar. Es asistir en la alimentación, el aseo, la movilidad, la administración de medicamentos y, en muchos casos, brindar apoyo emocional constante. Es una jornada que no termina, que no se remunera y que pocas veces se reconoce.
Frente a este panorama, voces desde la academia, la sociedad civil y organismos internacionales coinciden en la necesidad de transitar hacia un modelo de corresponsabilidad. Esto significa que el cuidado deje de ser una tarea individual para convertirse en una responsabilidad compartida entre el Estado, la familia, la comunidad y la iniciativa privada.
El Estado, señalan expertos, debe garantizar infraestructura, servicios accesibles y políticas públicas que reconozcan el derecho al cuidado. La familia, por su parte, requiere redistribuir estas tareas de manera equitativa. La comunidad puede generar redes de apoyo solidarias, mientras que la iniciativa privada tiene el reto de implementar condiciones laborales más flexibles y humanas.
Hablar de cuidados no es un tema menor: es hablar de justicia social. Porque cuando una persona cuida sola, el costo no solo es individual, sino colectivo. Se limita el desarrollo económico, se profundizan las brechas de género y se perpetúa un sistema que invisibiliza el trabajo más esencial: el de sostener la vida.
La reflexión es inevitable. En un país donde millones dependen del cuidado diario, la pregunta no es solo quién nos cuidará, sino qué tipo de sociedad queremos construir: una que deje esa tarea al sacrificio individual, o una que la reconozca como un derecho y una responsabilidad compartida.
Porque al final, todos —sin excepción— necesitaremos ser cuidados alguna vez. Y la forma en que respondamos hoy definirá el mañana, puntualizan los especialistas.

