10 de junio: memoria, verdad y justicia frente al Halconazo
Alejandro Castañeda
Cada 10 de junio, México vuelve la mirada hacia uno de los episodios más dolorosos de su historia contemporánea: la masacre conocida como el Halconazo o Matanza del Jueves de Corpus de 1971. A más de cinco décadas de distancia, la fecha continúa convocando a estudiantes, organizaciones sociales, familiares de víctimas y defensores de derechos humanos que se niegan a permitir que el olvido sustituya a la memoria.
Aquella tarde de 1971, cientos de estudiantes marchaban pacíficamente por las calles de la Ciudad de México. Sus demandas eran legítimas en una sociedad democrática: respeto a la autonomía universitaria, libertad para los presos políticos y apertura de espacios de participación para la juventud. La respuesta del Estado fue la violencia.
Los Halcones, un grupo paramilitar entrenado y financiado por instancias gubernamentales, atacaron brutalmente a los manifestantes. El saldo fue devastador: decenas de jóvenes asesinados, cientos de heridos y un número indeterminado de desaparecidos. Más allá de las cifras, quedaron truncados proyectos de vida, familias marcadas por el dolor y una profunda herida en la conciencia nacional.
Desde la perspectiva de los derechos humanos, el Halconazo representa una grave violación a derechos fundamentales: la libertad de expresión, el derecho de reunión pacífica, la integridad personal y, por supuesto, el derecho a la vida. También constituye un recordatorio de los riesgos que enfrenta cualquier sociedad cuando el poder público recurre a la represión para silenciar la disidencia.
La conmemoración de esta fecha no busca reabrir heridas, sino impedir que se cierren en falso. La memoria es una condición indispensable para la justicia. Sin verdad no puede existir una reconciliación auténtica, y sin justicia la impunidad termina convirtiéndose en un mensaje de tolerancia frente a los abusos del poder.
Las nuevas generaciones quizá no vivieron aquellos acontecimientos, pero heredan la responsabilidad de conocerlos. Recordar el Halconazo significa defender el derecho de las y los jóvenes a participar en la vida pública sin miedo a la persecución; significa reivindicar la importancia de las universidades como espacios de pensamiento crítico; y significa reafirmar que ningún gobierno debe estar por encima de los derechos de las personas.
A más de cincuenta años de distancia, la exigencia sigue vigente: memoria para las víctimas, verdad para la sociedad y justicia para que hechos como los del 10 de junio de 1971 no vuelvan a repetirse.
Porque una democracia sólida no se construye sobre el olvido, sino sobre el reconocimiento de su historia y el respeto irrestricto a la dignidad humana.

