Ser madre en México: el costo que el mercado sigue sin contabilizar
Por Alejandro Castañeda
Morelia, Michoacán, 16 de junio de 2026.- Una investigación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) vuelve a evidenciar una realidad que millones de mujeres enfrentan cotidianamente: en México, la maternidad suele traducirse en desventajas económicas, laborales y sociales que limitan el ejercicio pleno de sus derechos.
Serena Heréndira Serrano Oswald, investigadora del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, identifica tres dimensiones clave para entender este fenómeno: la redistribución económica, la representación política y el reconocimiento sociocultural. En términos prácticos, esto significa que muchas mujeres trabajan más, reciben menores ingresos y asumen la mayor parte de las tareas de cuidado que sostienen a las familias y a la sociedad.
Desde la perspectiva de los derechos humanos, el problema rebasa el ámbito privado. La maternidad está vinculada con derechos fundamentales como la igualdad y la no discriminación, el trabajo digno, la seguridad social, la salud y una vida libre de violencia. Cuando una mujer es excluida de oportunidades laborales, despedida por estar embarazada o enfrenta obstáculos para desarrollarse profesionalmente debido a la crianza, se configura una vulneración de derechos.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido que la llamada “penalización de la maternidad” continúa siendo una de las principales causas de desigualdad económica entre hombres y mujeres. Por su parte, ONU Mujeres sostiene que la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados constituye uno de los mayores obstáculos para alcanzar la igualdad sustantiva.
Aunque siete de cada diez mujeres mayores de 15 años participan en el mercado laboral, muchas lo hacen en empleos precarios, con salarios inferiores y menores posibilidades de crecimiento profesional. A ello se suma una carga desproporcionada de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, actividades indispensables para la reproducción de la vida social, pero que rara vez son reconocidas por los indicadores económicos tradicionales.
La investigación también alerta sobre formas de violencia menos visibles. Se trata de prácticas y mensajes sociales que cuestionan o sancionan la presencia de las madres en espacios laborales, políticos o comunitarios, reforzando estereotipos de género que limitan su autonomía.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha señalado que estos estereotipos continúan siendo una de las principales barreras para el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres en América Latina.
La pregunta sigue vigente: si la maternidad sostiene la vida colectiva y el futuro de la sociedad, ¿por qué sus costos recaen de manera tan desigual sobre las mujeres? Resolver esa deuda exige fortalecer las políticas de cuidados, promover la corresponsabilidad familiar y garantizar condiciones reales de igualdad para millones de madres mexicanas.

