PÁTZCUARO 02/11/26
Crónica | Michoacán se ilumina para recibir a sus muertos; flores, tradición y visitantes de todo el mundo
+ La Noche de Ánimas
llenó de luz, música y color la región lacustre de Pátzcuaro, Tzintzuntzan y
sus comunidades, con una importante presencia de turistas asiáticos y europeos.
+ Hasta un millón de
visitantes se esperan en Michoacán durante la temporada; cerca de 300 mil tan
solo en la zona lacustre durante la celebración principal.
+ Un amplio dispositivo
de seguridad, con participación de autoridades estatales, federales y
municipales, acompañó las celebraciones y el desplazamiento de miles de
familias.
RED 113
MICHOACÁN/Redacción
Pátzcuaro, Michoacán,
lunes 2 de noviembre de 2026.- El aroma del copal se mezcló con el de las
flores de cempasúchil, mientras cientos de veladoras comenzaron a iluminar los
caminos y los cementerios de la región lacustre. La noche del domingo,
Michoacán volvió a abrir sus puertas a quienes regresan una vez al año, según
la tradición purépecha, para encontrarse con sus seres queridos. Entre rezos,
ofrendas, música y miles de visitantes, la Noche de Muertos convirtió a
Pátzcuaro, Tzintzuntzan y las comunidades cercanas en un escenario donde la
memoria, la cultura y el color fueron protagonistas.
Desde las primeras horas
del día, las calles empedradas de Pátzcuaro registraron una intensa actividad.
Familias enteras caminaron entre puestos de artesanías, flores, veladoras y
alimentos tradicionales, mientras grupos de turistas extranjeros recorrían
plazas, templos y mercados con cámaras fotográficas y teléfonos celulares.
Entre la multitud destacaba la presencia de visitantes asiáticos,
principalmente de China y Japón, además de viajeros procedentes de España,
Francia, Italia y Alemania, atraídos por una celebración que ha trascendido las
fronteras mexicanas.
Sobre las aguas oscuras
del Lago de Pátzcuaro, las luces de las embarcaciones dibujaban pequeños
reflejos, mientras a lo lejos se distinguían las siluetas de las islas. En
tierra firme, comerciantes, cocineras tradicionales y artesanos atendían a los
visitantes que buscaban conocer de cerca una de las expresiones culturales más
representativas de Michoacán.
En Tzintzuntzan, antiguo
corazón del imperio purépecha, el paisaje adquirió una tonalidad anaranjada.
Los pétalos de cempasúchil marcaron senderos entre las tumbas, acompañados por
cirios, fotografías, pan, frutas y alimentos preparados especialmente para
quienes ya partieron. Las familias permanecieron junto a las sepulturas,
algunas en silencio y otras compartiendo recuerdos, en una velación donde la
ausencia se transforma, por unas horas, en una forma de encuentro.
El cempasúchil fue
nuevamente uno de los grandes protagonistas. Su color intenso cubrió altares,
fachadas, calles y cementerios, mientras su aroma acompañó el recorrido de
quienes acudieron a recibir a las ánimas. Para las comunidades que conservan
esta tradición, las flores representan mucho más que un elemento decorativo:
sus pétalos señalan simbólicamente el camino de regreso a casa para aquellos
que permanecen vivos en la memoria de sus familias.
A varios kilómetros, en
Capula, las catrinas también reclamaron su lugar en la celebración. Las figuras
de barro, elaboradas por manos artesanas, mostraron vestidos elegantes,
sombreros de grandes dimensiones y expresiones que combinan humor, creatividad
y tradición. Los talleres y espacios de exhibición recibieron a visitantes
interesados en adquirir estas piezas, convertidas en uno de los símbolos más
reconocidos del arte popular michoacano.
La gastronomía completó
el recorrido. El olor de las corundas y los uchepos recién preparados se
extendió por los mercados, donde también se ofrecieron charales, pescado
blanco, atoles, tamales, pan de muerto y otros platillos regionales. Entre
mesas improvisadas, cocinas tradicionales y pequeños establecimientos, los
turistas encontraron otra manera de acercarse a la cultura de Michoacán,
mientras las familias dedicadas al comercio aprovecharon una de las temporadas
de mayor actividad económica del año.
La dimensión de la
celebración también quedó reflejada en las expectativas de afluencia. De
acuerdo con la Secretaría de Turismo de Michoacán, entre 800 mil y un millón de
visitantes nacionales y extranjeros podrían arribar a la entidad durante las
actividades desarrolladas del 23 de octubre al 2 de noviembre. Solamente para
la región lacustre se estimó la presencia de alrededor de 300 mil personas
durante la noche del domingo y las primeras horas de este lunes, con una
elevada demanda de hospedaje en Pátzcuaro y Morelia.
La importante
concentración de personas estuvo acompañada por un amplio dispositivo de
seguridad y vigilancia. La Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán
desplegó elementos de la Guardia Civil, con acciones de prevención, proximidad
social y apoyo vial, dentro de un esquema de coordinación interinstitucional en
el que también participaron la Fiscalía General del Estado de Michoacán, la
Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional y las corporaciones
policiales municipales.
El operativo estatal
contempló la movilización de dos mil agentes de la Guardia Civil en distintos
puntos de Michoacán, con especial atención en los accesos a Pátzcuaro,
Tzintzuntzan, los embarcaderos y las comunidades de mayor afluencia. La
presencia de personal uniformado, patrullas y unidades de auxilio formó parte
del paisaje de la celebración, mientras los agrupamientos especializados
reforzaron la vigilancia terrestre y lacustre, así como la asistencia a los
automovilistas.
En las carreteras,
particularmente sobre la vía Morelia-Pátzcuaro, se establecieron dispositivos
de orientación y control vehicular para atender el constante desplazamiento de
turistas. La actividad se prolongó durante la madrugada, cuando numerosas
familias continuaban llegando a los panteones y otras emprendían el regreso
después de participar en las velaciones.
Sin embargo, más allá de
las cifras, las cámaras fotográficas y el movimiento turístico, el verdadero
significado de la noche permaneció en los cementerios. Ahí, entre el resplandor
de las veladoras, las familias compartieron alimentos, acomodaron flores y
permanecieron junto a las tumbas de sus seres queridos. Para ellas, la
celebración no fue un espectáculo, sino una tradición heredada de generación en
generación, en la que recordar también representa una manera de mantener
presentes a quienes se adelantaron.
Conforme avanzó la
madrugada, el frío comenzó a sentirse con mayor intensidad en la ribera del
lago. Las luces continuaron encendidas, el aroma del copal permaneció entre los
altares y los caminos de cempasúchil conservaron su color bajo la oscuridad.
Los visitantes encontraron en Michoacán una celebración llena de vida; las
comunidades, por su parte, volvieron a cumplir con una cita que se repite cada
noviembre.
Porque en esta tierra
purépecha, la Noche de Muertos no representa una despedida definitiva. Es el
momento del año en que las familias preparan la mesa, encienden una vela,
colocan flores y dejan abierta, simbólicamente, la puerta de casa.
Y así, entre miles de
visitantes, tradiciones centenarias y caminos iluminados de cempasúchil,
Michoacán volvió a recibir a quienes, aunque ya no están, nunca han dejado de
formar parte de su historia.
.jpeg)
