viernes, 29 de mayo de 2026

El cuidado invisible: una deuda histórica con los derechos de las mujeres

 El cuidado invisible: una deuda histórica con los derechos de las mujeres



Por Alejandro Martínez Castañeda


En México, millones de mujeres sostienen diariamente la vida familiar, social y económica del país mediante labores domésticas y de cuidados que siguen siendo invisibles, desiguales y, en la mayoría de los casos, no remuneradas. Mientras el discurso público presume avances en igualdad de género, la realidad continúa evidenciando un profundo rezago en materia de derechos humanos.


Datos presentados recientemente por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)  (https://www.eluniversal.com.mx/nacion/mujeres-destinan-casi-5-horas-diarias-al-trabajo-domestico-y-de-cuidados-investigador-de-la-unam-hombres-dedican-dos-horas/) revelan que las mujeres mexicanas destinan casi cinco horas diarias al trabajo doméstico y de cuidados, más del doble del tiempo que dedican los hombres. Esta diferencia no representa únicamente una estadística: refleja una estructura social históricamente desigual que limita el acceso de millones de mujeres a oportunidades educativas, laborales, económicas y de desarrollo personal.


El problema adquiere una dimensión aún más grave cuando se entiende que estas actividades sostienen buena parte de la economía nacional. De acuerdo con investigaciones citadas por la UNAM y el INEGI, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa cerca de una cuarta parte del Producto Interno Bruto del país, una aportación incluso superior a sectores productivos estratégicos. Sin embargo, quienes realizan esta labor permanecen prácticamente excluidas de sistemas de seguridad social, reconocimiento económico y políticas públicas integrales. 


Hablar de cuidados no es únicamente un asunto familiar; es un tema de derechos humanos. El derecho a la igualdad, al trabajo digno, al descanso, a la salud mental y al desarrollo profesional se ve constantemente vulnerado cuando las mujeres cargan con dobles o triples jornadas laborales. Muchas deben combinar empleo formal con tareas domésticas, crianza y cuidado de personas enfermas o adultas mayores, sin apoyo suficiente del Estado ni corresponsabilidad social efectiva.


Aunque México cuenta con leyes e instituciones orientadas a la igualdad sustantiva, la realidad cotidiana demuestra que persisten prácticas culturales profundamente arraigadas que continúan asignando a las mujeres el papel casi exclusivo del cuidado del hogar. Esta desigualdad estructural también provoca que miles de mujeres abandonen sus estudios, reduzcan sus oportunidades laborales o permanezcan en condiciones de informalidad y dependencia económica. 


El rezago mexicano en esta materia también evidencia una deuda institucional. Durante décadas, el trabajo doméstico fue minimizado como una obligación “natural” de las mujeres y no como una labor indispensable para el funcionamiento de la sociedad. Hoy resulta urgente construir políticas públicas que reconozcan el derecho al cuidado como una responsabilidad compartida entre familias, gobierno, empresas y sociedad.


Garantizar estancias infantiles, horarios laborales flexibles, seguridad social para trabajadoras del hogar, licencias parentales equitativas y educación con perspectiva de género ya no debe verse como concesiones, sino como obligaciones fundamentales de un Estado democrático.


La igualdad no puede construirse mientras millones de mujeres continúen sacrificando su tiempo, salud y proyectos de vida para cubrir necesidades que deberían ser compartidas. Reconocer el valor del trabajo de cuidados es reconocer también la dignidad y los derechos humanos de quienes históricamente han sostenido al país desde el silencio.

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