Luis Miranda y los códigos informales de poder
Lorena Cortés
El caso de Luis Miranda ex secretrio de finanzas de Michoacán, permite mirar una de las facetas de la transformación crimnal. Miranda fue detenido en Metepec, junto con su esposa, sus dos hijos y un escolta. Todos fueron vinculados a proceso por presuntamente participar en una red de extorsión que suplantaba identidades de gobernadores, alcaldes, funcionarios federales e incluso ministros de la Corte.
La investigación ministerial describe una estructura que merece atención desde la criminología. Los Miranda no necesitaban hombres armados para intimidar a las personas. Su modus “operandi fue más sofisticado” operaban mediante teléfonos información privilegiada, relaciones políticas y notable comprensión de los códigos informales (criminales) del poder.
El mecanismo criminal comenzaba con llamadas o mensajes que simulaban provenir de secretarios particulares. Presuntamente se solicitaba actualizar una agenda o establecer comunicación con algún funcionario de alto nivel. Después aparecia la supuesta autoridad para pedir dinero destinado a operaciones políticas, agilizar pagos, colocar personas en puestos públicos o favorecer determinadas contrataciones etc, etc.
Para reforzar el engaño, utilizaban logotipos oficiales, conversaciones fabricadas y herramientas de inteligencia artificial capaces de imitar voces. Aquí aparece un elemento criminológico revelador. La ingeneria social utilizada por esta organización criminal no hizo más que producir los códigos de un entramado de influencias que durante décadas ha encontrado terreno fértil en las burocracias partidistas.
Los Miranda no inventaron ese “código informal del poder” lo instrumentalizaron y monetizaron. Vieron en la cultura burocrática de intercambio de favores, de cohechos, de diezmos, de conflictos de intereses, de acceso al poder etc; un recurso criminal con muy alto potencial económico. El valor económico no estaba solamente en hacerse pasar por una autoridad, sino en la expectativa de que una llamada desde las “alturas del poder” pudiera modificar una desición pública con forme a la ley.
La ironía esta a la vista y no debe quedar como anécdota, pues Los Miranda convirtieron la cultura laboral burocrática en un modelo de negocio igual de criminal. Y ahí esta el fondo del asunto, que condiciones institucionales hacen posible y creíble un sistema de favores, pagos y recomendaciones atribuidos a personajes poderosos, obliga a examinar la cultura institucional que hizo posible el engaño.
El “Cartel de Los Miranda” es más un espejo de la cultura de las burocracias partidistas, donde los favores, las recomendaciones, el tráfico de influencias y un largo etcetera se han normalizado e institucionalizado. La inteligencia artificial modernizó el engaño; los códigos informales del poder ya habían construido su negocio.

